Visitar Ágreda, la
villa de las tres culturas, puede devenir en un viaje entremezclado de la
historia a través del tiempo. Sus callejuelas laberínticas e irregulares
permiten sucesivos desplazamientos temporales.
"Barbacana hacia
Aragón en Castellana tierra", como escribiera Antonio Machado, se respira
en esta villa el trajín de los siglos. Aún hoy, en casi sus 3.500 habitantes
censados, se percibe el movimiento vitalista y fronterizo que la caracterizó y
caracteriza: el intercambio comercial y cultural. Amables y con las leyes de la
hospitalidad por delante, los agredeños son, tal vez por ello, por estar
siempre expuestos a las conquistas, sumamente conservadores de sus valores y
sus tradiciones.

Se encuentra Ágreda a
los pies del Moncayo, protegida por un terreno escarpado y divida en dos por el
río Queiles, del que según cuentan, eran muy apreciadas sus finas aguas por los
romanos, debido al temple que daban a sus armas.
De su antigüedad
celtíbera queda constancia el Castro natural de la Muela y algunas monedas celtíbericas
recogidas con el nombre de Aregrada . De la romana, el pequeño puente de
acceso al Barrio moro, un trozo de muralla con labrados sillares y un par de
inscripciones. De la visigótica existe la mención en algún códice, de una
iglesia extramuros, la de San Julián.
Pero es en la época califal del siglo X, donde comienza la historia
de esta villa y llega hasta nuestros días.
Al año 915 nos vamos a
retrotraer, Sancho Abarca la reconquista pero poco después es arrebatada de
nuevo por los musulmanes. Alfonso el Batallador la vuelve a reconquistar, pero
es Alfonso VII el Castellano quien la repuebla con gentes de la Sierra del
Alba: San Pedro Manrique, Yanguas, Magaña...
Guerra y paz se
suceden en los siglos siguientes. La plaza fue varias veces rehén. La paz más
famosa fue la que pacto Doña María de Molina en 1296 con Don Alfonso de la
Cerda. La más famosa tregua, entre los comisionados de Don Juan II de Navarra y
su hijo el Principe de Viana en 1455. La boda más importante, entre Doña
Leonor, hija de Alfonso VIII con Don Jaime I de Aragón, cuando era infante en
1221.
Musulmanes, hebreos y
cristianos convivieron pacíficamente parte de la Edad Media hasta que
finalmente fueron expulsados.
En los siglos XVI, XVII y XVIII la villa se erige Cabildo de Tierra
de Ágreda con 26 pueblos. Protegida y dominada por los señores de la Mesta:
González de Castejón fue su principal señor, junto a los Villarrea, Portocarrero,
Camargo, Velamazán, Falces, Fuerteventura, Agramonte de Valdecabriel, Paredes, Velamazán...aún
podemos ver los restos de sus palacios y jardines.
Someramente, a lo que la historia
escrita se refiere ya hemos dado el primer paseo por Ágreda, ahora vamos a
conocer algunos de sus lugares, iglesias y edificios civiles.
No podemos hacer un
trazado lineal de su visita, el encanto de Ágreda reside precisamente en que
todo está entrelazado, arquitectura civil y religiosa conviven pared con pared
con las casas más humildes.
Si pasamos bajo el
arco de Felipe II cruzaremos el pequeño puente romano y con él cruzaremos a
otro tiempo: nos encontramos en el barrio moro o el Barrio. Los restos del castillo y de la muralla; huertas en las laderas
de los barrancos; la Puerta del Barrio, de arco de herradura enjarjado, de
época califal; la ermita de la Virgen del Barrio, del siglo XVI, y trás ella,
otra puerta califal, igual a la primera pero cegada. Una sencilla sinagoga de
nave cuadrada, con ábside adosado remata este conjunto llamado de la Muela y
que nos da una idea del valor estratégico de su ubicación. Abrimos los oídos y
los ojos y dejamos que la imaginación reconstruya nuestra percepción de la
historia.
Situados ahora en el
centro de la villa, en plena plaza mayor, se alza un palacio renacentista del
siglo XVI, , un patio central de tres arcos, con galería de arcadas jónicas en
la parte alta, rematado en las esquinas con torretas de ladrillo, el edificio
perteneció a los Castejones y alberga al Ayuntamiento.
Frente al palacio, la
iglesia de la Virgen de los Milagros, de una sola nave con crucero y dos
capillas. En el Camarín de la Virgen de los Milagros, la talla de la virgen, es
del siglo XIV policromada y dorada, es un hermoso ejemplar de virgen negra
gótica. Es a ésta Virgen a la que celebran los agredeños fiestas y romerías
(más abajo, en el apartado de Leyendas y tradiciones, hablamos más extensamente
de este oficio).
En una calleja
adyacente se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de la Peña, románica, la
más antigua de Ágreda, es una planta de dos naves, en la nave de la izquierda,
hay un bancal de un retablo gótico del siglo XV, que es la joya de Ágreda.
Aquí, han instalado el nuevo Museo de Arte Sacro de Ágreda.
Detrás del Palacio, en
la acogedora plaza Mercadal, se asienta la iglesia de San Miguel, gótica, del
siglo XV, pero con torre románica de tres cuerpos, contiene un retablo de
estilo plateresco y otro retablillo del mismo estilo.
Desde la plaza Mercadal podemos acercarnos al Convento de la
Concepción, de monjas franciscanas, fundado por la Venerable Sor María Jesús
de Ágreda, monja del siglo XVII consejera de Felipe IV, y sospechosa de la
Inquisición. Se dice que escribía al dictado lo que le contaba la Virgen y que
poseía el don de la bilocación, o sea que se encontraba de misiones por las américas
a la vez que gobernaba el convento. Recuerdos, reliquias, restos... son
guardados celosamente en este convento, que a modo de Museo podéis visitar. Sus
libros, La Mística Ciudad de Dios, Vida de la Virgen, Escala para
subir a la perfección, Leyes de la esposa... y las Cartas, correspondencia
con el Rey Felipe IV, os los venderán las concepcionistas gustosamente.
Partiendo
también de esta plaza, en otra de sus calles se encuentra el convento de las
Agustinas, es una casita pequeña, de piedra, con ventanas góticas y que se dice
que nació sor María Jesús de Ágreda. Y en la pila bautismal, románica, de la
Iglesia de Nuestra Señora de Magaña, en peligro de ruinas, se dice que fue
bautizada.
Continuando hacia
adelante se encuentra una de las tres puertas, de las cinco, que se conservan,
es la llamada Puerta del Tirador, bordeando las ruinas de la antigua
iglesia gótica de San Martín y cruzando la carretera llegamos a la iglesia de
San Juan, de una sola nave, del siglo XV, conserva la puerta románica de triple
arquivolta, de diversos estilos, se conservan retablos y esculturas. Cuenta con
una interesante necrópolis excavada en roca, de los siglos XII-XV.

Y con ella acabamos el recorrido por
los edificios. Ahora admiremos el entorno agredeño desde aquí y veamos,
sorprendidos, como varía, según sea el lugar desde donde lo admiremos. Cuatro
fueron los recintos murados de esta villa y tres las culturas que convivieron
en franco y mutuo respeto y pareciera que esos mundos tan distintos entre sí
quedaron entrelazados, enriqueciendo la historia.
En el paraje Corro
Olivar se encuentran olivos centenarios; en la dehesa, de su fuente Fuentepodrida, mana aguas
sulfurosas y se alimenta el río Queiles; en sus huertos, de clara idea morisca
por el aprovechamiento del terreno, dan sus frutos, entre otros, los árboles
frutales; hermosos jardines como el del palacio de Paredes o el Jardín
Renacentista de Don Diego Castejón (1554-1630).
Lugares por los que
podemos pasear y reconstruir en nuestra memoria aquellos retazos de historia
que más nos hayan gustado, saboreando unos roscos huecos o exquisitos Langartos (especie de empanada
de sardina, chorizo..) que os venderán en cualquier panadería.
El 28 de setiembre,
víspera de San Miguel Arcángel, patrón de Ágreda, podéis vivir una tradición
teatral llena de colorido. Se trata de la quema de *"Los Diablillos", una recreación de la vida de San
Miguel, vencedor del demonio. Las agredeñas son las encargadas, año tras año de
confeccionar los diablillos (masculino y femenino) que después serán quemados, una vez que San Miguel haya
vencido.
El día tres de
febrero, San Blas, se guarda la tradición de la "Bendición de pan";
con ese trozo bendecido y una naranja se come la tortilla de patatas, chorizo,
torreznos y huevo en este "Día de la Tortilla".
Y al siguiente día Santa Águeda, se celebran "Las Águedas".
Y que, el 16 de
agosto, *San Roque, el mejor gallo del corral sea para una comida amistosa en la dehesa, como se viene haciendo
cada año.
© Luisa Goig
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